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🌿 Nota de Catalina:
Este blog nace de una mente neurodivergente y un corazĂłn inmigrante. Es una mezcla de recuerdos, plantas, recetas, viajes y reflexiones—sin lĂneas rectas, solo historias de un cerebro que piensa distinto.
Escribo para ser la voz que una vez necesité—para quienes alguna vez se sintieron fuera de lugar, incomprendidos, o “demasiado.” No están solos.
DecidĂ no tener hijos.
Durante la mayor parte de mi vida pensĂ© que sĂ los tendrĂa. Incluso ya tenĂa los nombres: Isaac y Marco, en honor a mi papá y a mi abuelo. Me imaginaba con dos niños — tal vez porque al crecer como mujer vi lo mucho más difĂcil que era que nos tomaran en serio. Los hombres siempre parecĂan tener más puertas abiertas, y yo lo entendĂ desde muy joven.
Pero la vida cambiĂł. PensĂ© en el medio ambiente, en las guerras, en la falta de oportunidades. Y cuando lleguĂ© a Estados Unidos a los 25 años, entendĂ que ser madre y al mismo tiempo inmigrante serĂa demasiado. AsĂ que elegĂ otro camino.
La gente suele decir: “No sabes lo que es hasta que tienes hijos.”
Yo no estoy de acuerdo.
Puede que no tenga hijos propios, pero no estoy ciega — y siento profundamente. He visto lo que significa ser padre de verdad. He visto las luchas, los sacrificios silenciosos y las batallas invisibles que se libran a puertas cerradas.
He visto a mi prima aquĂ en Miami criar a su hija enfrentando más de lo que la mayorĂa de los adultos podrĂa soportar. Su hija ha pasado por dos trasplantes de riñón y todavĂa tiene serios problemas de salud. Y en medio de todo eso, mi prima logrĂł terminar su maestrĂa. Ella es de esas personas que brillan con alegrĂa, que nunca pierden la sonrisa — incluso cuando la vida le da mil razones para lo contrario.
También he visto el coraje de dos viudas que criaron a tres hijos cada una, completamente solas.
Una es prima de mi mamá, la que me abrió las puertas de su casa cuando me mudé de Miami a Nueva Jersey. En ese tiempo fue como una madre para mà — cálida, generosa y fuerte. Crió a tres hijas hermosas que ahora son madres también, y que están criando a sus propios hijos con el mismo amor y los mismos valores.
La otra es una amiga muy querida que, después de perder a su esposo en Colombia, encontró la manera de darle a sus hijos todo lo que necesitaban para convertirse en profesionales y en seres humanos extraordinarios. Estas dos mujeres son más que sobrevivientes. Son la prueba de que el amor y la determinación pueden hacer florecer una familia en la tierra más dura.
Y luego está mi tĂa — la mamá de mis primos. Ella criĂł sola a tres hijos, cada uno con apenas un año de diferencia. Su papá se fue de sus vidas, formĂł otra familia y nunca volviĂł atrás. Mi tĂa cargĂł con todo el peso de criarlos, y lo hizo con gracia y con una fuerza increĂble. Los tres fueron a la universidad. Los tres se convirtieron en adultos responsables y bondadosos. Y ahora, juntos, han criado a tres nietos que tambiĂ©n son maravillosos. Mi mamá siempre dice que si pudiera dar un premio a la “Mujer del Año”, se lo darĂa a mi tĂa. Y yo estoy de acuerdo.
Y no, no soy madre de humanos. Pero sĂ soy madre — de cuatro perros y dos gatos. SĂ© que no es lo mismo, pero cuidarlos me ha enseñado paciencia, responsabilidad y lo que significa que otra vida dependa de ti. He pasado noches enteras despierta con un perro enfermo, susurrándole que todo estarĂa bien. He cargado rescates aterrados hasta mi casa y he pasado semanas ganándome su confianza. Son patas llenas de barro, facturas del veterinario y pelos por todas partes — pero tambiĂ©n es un amor incondicional que te cambia.
Por eso no creo que la crianza se trate solo de genĂ©tica. No hay garantĂa de que, porque “te conozcas” a ti mismo y a tu pareja, vayas a criar a una buena persona. Ser padre es como abrir una pequeña y hermosa caja de Pandora — llena de sorpresas, desafĂos y momentos que pueden cambiarlo todo en un segundo.
Los hijos pueden ser tercos. Pueden decir cosas que duelen. Podemos pasar años culpando a nuestros padres por nuestras luchas. Pero los hijos no vienen con un manual de instrucciones — y yo creo que la mayorĂa de los padres hace lo mejor que puede con lo que tiene.
Cuando pienso en raĂces, pienso en mi abuela. Ella fue la columna vertebral de nuestra familia — amor puro en forma humana. CriĂł hijos maravillosos y ayudĂł a criar nietos increĂbles. La recuerdo independiente y firme, siempre ahĂ cuando la necesitábamos, guiándonos con su ternura y su ejemplo. Ella fue la prueba de que el amor puede ser una base sĂłlida que dure generaciones.
Cuando pienso en fuerza, pienso en mi mamá. No la tuvo fácil para criarnos, y yo no siempre se lo puse fácil a ella. Tuvimos nuestros momentos, pero me dio lo que pudo, y mucho de lo que soy hoy viene de ella. Incluso ahora, sigue de pie junto a mi hermano mientras él enfrenta sus propios retos como padre.
Cuando pienso en guĂa, pienso en mi papá. No solo fue importante para nosotros — tambiĂ©n lo fue para mis primos, que no tenĂan papá en su casa. Recuerdo a uno de mis primos, ya adulto, en medio de una batalla por la custodia despuĂ©s de un divorcio. Su hermana le dijo: “Solo piensa, ÂżquĂ© harĂa Jorge?” Jorge — mi papá. Ese momento me llenĂł de orgullo. Me recordĂł lo afortunada que fui de crecer con estos seres humanos maravillosos como mis padres.
No somos una familia de abrazos ni de besos, pero nunca he dudado de su amor. Siempre bromeo diciendo que soy la favorita — y aunque ellos se rĂen para que mis hermanos no se sientan mal, todos sabemos la verdad.
Y tal vez esa sea la verdadera lección: el amor no tiene que ser perfecto para ser poderoso. Podemos enojarnos, sentirnos incomprendidos o heridos — pero también podemos elegir ver cómo, de una u otra manera, las personas han estado ahà para nosotros, incluso con sus imperfecciones.
La vida es corta. Y al final, lo Ăşnico que nos queda es el amor.



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