Un Paseo por los Mercados Callejeros de Colombia

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🌿 Nota de Catalina:
Este blog nace de una mente neurodivergente y un corazón inmigrante. Es una mezcla de recuerdos, plantas, recetas, viajes y reflexiones—sin líneas rectas, solo historias de un cerebro que piensa distinto.
Escribo para ser la voz que una vez necesité—para quienes alguna vez se sintieron fuera de lugar, incomprendidos, o “demasiado.” No están solos.

La comida… ¡OMG! Me encanta comer.

De niña, era muy exigente con la comida tradicional. Mi primera bandeja paisa—sí, el plato principal de mi ciudad—la comí viviendo en Miami, ya en mis veintes. ¡De verdad! Pero no me malinterpretes—sí comía fríjoles. Déjame explicarte.

En las casas paisas se comen fríjoles todo el tiempo, pero normalmente es una sopa de fríjoles con chicharrónpataconeshogao, etc. Eso no es bandeja paisa—eso es fríjoles (o frisoles, como decimos algunos).

Mi abuela me enseñó a cocinar solo lo que me gustaba, y todavía hago mis propias versiones. Pero con el tiempo, muchas cosas me empezaron a gustar de forma natural. Ahora, en mis 40s, disfruto casi todo.

Mango biche—green mango, sliced thin, with lime and salt.
Mango biche—mango verde en rodajas finas, con limón y sal. En las calles de Medellín, esto es un antojo, un recuerdo, un clásico de la infancia.

Los colombianos—como la mayoría de los latinoamericanos—amamos comer, y el almuerzo es la comida más importante del día. No es que extrañe la comida colombiana porque sé cocinarla, y además vivo cerca de Miami, donde puedo encontrar ingredientes parecidos. Pero lo que sí es diferente es la comida callejeramango bichesolteritaspataconesperros calientes al estilo colombiano, y lo más importante: papas fritas y papa criolla frita.

Este es el olor que más extraño. Papas calientes servidas en bolsa de papel, con limón encima. Hay que comerlas rápido o el limón se va por el fondo y la bolsa se rompe. No es solo comida—es una experiencia.

Cuando mi hermana era niña, siempre decía que si ganaba la lotería, se compraría un carrito de papas. (Un carrito con ruedas y una olla gigante llena de aceite caliente.) Así de en serio es nuestro amor por lo frito.

Cuando vives en el extranjero, especialmente si vas a un partido de fútbol o a un concierto, notas de verdad cómo cambia la cultura de los snacks. En Estados Unidos hay muchos dulces y golosinas. Pero para nosotros, el maíz se come salado—con mantequilla y sal. Los mangos son verdes, y les echamos limón y sal. Claro que también comemos dulces, pero tenemos un amor profundo por lo frito y salado: chicharrónchorizo—y siempre, siempre con limón. Y como buenos paisas, acompañamos todo con arepaempanadaspandebonospandeyucas… la lista es larga.

Chicharrón, queso derretido, una arepa envuelta en hoja de plátano… y por supuesto, hogao y guacamole al lado. Pura comida reconfortante colombiana.

Una de mis preocupaciones más grandes al mudarme era no encontrar arepas buenas. Pero no fue así. Todavía como arepa todos los días.

Uno de mis shows favoritos es Taco Chronicles en Netflix. Me encanta cómo describen la comida, las historias y las personas detrás de cada receta. Sería mágico si hicieran una versión en Colombia.

Digo Colombia como si conociera toda la comida del país—pero realmente hablo de Medellín, la ciudad donde crecí. Colombia es grande y muy diversa. Por su geografía y sus múltiples climas, tenemos acentos, colores de piel y comidas diferentes. ¿Sabías que tenemos más de 70 tipos de arepas? No comemos picante, pero sí amamos mecatiar—o sea, picar entre comidas.

Arepitas con hogao—mi combinación favorita. Así es como me gusta comerlo.

Y eso es algo que llevo conmigo. Aunque viva lejos, la comida es mi forma de mantenerme conectada—no solo con mi cultura, sino con mi familia. Hoy en día, mi mamá y yo compartimos recetas todo el tiempo. Hablamos de lo que ella tiene allá, de lo que yo tengo aquí, y buscamos formas distintas de preparar el mismo plato. A veces incluso vemos programas de cocina juntas y nos mandamos fotos de nuestras versiones. Es nuestra manera de estar cerca, de compartir algo alegre y familiar, aunque estemos a la distancia.

Tal vez no pueda recrear esas bolsas de papel llenas de papas calientes, pero sí puedo traer pedacitos de mi tierra a mi cocina—y ahora, quiero compartir algunas de esas recetas contigo también.

🌱 Hogao – A Mi Manera

Así es como lo hago yo en casa—sencillo, reconfortante y lleno de sabor. No es nada sofisticado, pero es real.



Ingredientes:

  • 3 tomates maduros, picados
  • 2–3 cebollas largas (scallions), picadas
  • Un puñado de cilantro fresco, picado
  • 1 cucharada de mantequilla
  • 1 cucharada de aceite (uso de oliva o el que tenga)
  • ¼ cucharadita de Caldo Maggi en polvo
  • Sal al gusto


Instrucciones:

  1. Pica los tomates en pedazos pequeños. Yo no los pelo.
  2. Pica finamente la cebolla larga y el cilantro.
  3. En una sartén, calienta la mantequilla y el aceite a fuego medio.
  4. Agrega la cebolla larga y cocina por 1–2 minutos, hasta que esté suave y huela rico.
  5. Agrega los tomates picados y revuelve bien.
  6. Añade el Caldo Maggi en polvo y mezcla todo.
  7. Cocina a fuego bajo por unos 10–15 minutos, revolviendo de vez en cuando, hasta que los tomates se deshagan y se forme una salsita.
  8. Agrega el cilantro picado al final y cocina un minuto más.
  9. Prueba y ajusta con sal si es necesario.


Cómo lo como:

Con patacones, arepas, arroz, papas cocidas… o sinceramente, a cucharadas.

Gracias Por Leer Catyobi

One response to “Un Paseo por los Mercados Callejeros de Colombia”

  1. Helena Villa Fernandez Avatar
    Helena Villa Fernandez

    Te admiro demasiado y sé que te gusta mecatear y comer cosa de la calle como tu padrino que le gustaba mucho el chicharrón, las papas fritas etc. los mismos gustos incluso hasta lo de mar

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