Mi vida nunca fue ordinaria

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🌿 Nota de Catalina:
Este blog nace de una mente neurodivergente y un corazón inmigrante. Es una mezcla de recuerdos, plantas, recetas, viajes y reflexiones—sin líneas rectas, solo historias de un cerebro que piensa distinto.
Escribo para ser la voz que una vez necesité—para quienes alguna vez se sintieron fuera de lugar, incomprendidos, o “demasiado.” No están solos.

Algunos de los trabajos que he tenido ni siquiera existían antes de que yo llegara a la empresa. Suena raro, ¿verdad? Pero me ha pasado más de una vez. Siempre he tenido esta habilidad extraña de entrar a un lugar y ver lo que necesita ser arreglado—ya sea una silla dañada, un aviso confuso o un sistema que simplemente no funciona.

Quizás todo empezó en casa. Soy la menor, nací diez años después que mi hermana más cercana.

El día que nací, ya rodeada de amor — y con una gran diferencia de edad.

Mi mamá siempre tuvo una mente enorme, creativa y llena de manualidades—siempre estaba construyendo, haciendo, diseñando.

Cuando yo nací, ella tenía una floristería, pero tuvo que cerrarla porque era difícil manejar el negocio y cuidar a un bebé al mismo tiempo. Pero eso no la detuvo. Siguió haciendo todo desde la casa: flores, organización de fiestas, quinceañeras, bodas. Nuestra casa siempre fue mitad hogar, mitad taller. Crecimos caminando con cuidado, esquivando floreros, velas, cables y arreglos gigantes. Yo pasaba la mayoría de los fines de semana ayudándola con los eventos—cargando cosas al carro, montando decoraciones, limpiando tarde en la noche. En ese momento no lo entendía, pero esa experiencia me marcó profundamente. Me enseñó que un negocio puede ser creativo, caótico, hermoso y agotador—todo al mismo tiempo.

Creciendo entre el caos creativo de mi mamá. Nuestra casa era parte floristería, parte bodega y parte centro de planificación de fiestas.

Mi papá era banquero de profesión, pero reparador de corazón. Le encantaba arreglar cosas, en parte por gusto y en parte para ahorrar dinero.

Mis papás en un viaje a Colorado. Ellos formaron gran parte de lo que soy.

Nuestro carro familiar era un pequeño Renault 4 (sí, el francés), y mi papá podía desarmarlo y volverlo a armar con facilidad. Yo no tenía mucha opción—era la encargada oficial de llevarle las herramientas y el café. Esa fue una de mis primeras lecciones: ayudar, observar y aprender haciendo.

Este es el Renault 4 que nos llevó a todos (y a muchas cajas de herramientas). Mi papá podía desarmarlo y volverlo a armar como si fuera un rompecabezas.

Mi infancia fue muy diferente a la de la mayoría de los niños. A los seis años ya ganaba dinero haciendo comerciales de radio. A los siete, formaba parte de un programa de televisión regional llamado Noticosas para Notichicos, un noticiero hecho por y para niños. Tengo recuerdos hermosos de esa época, especialmente cuando fui a Costa Rica a los 10 años y, en una sala llena de periodistas de distintos países, entrevisté al presidente Óscar Arias durante una rueda de prensa. Para mí se sentía natural, aunque solo era una niña.

Noticosas para Notichicos — el noticiero infantil que me dio mi primer trabajo.
Entrevistando al cantautor argentino Facundo Cabral — todavía recuerdo lo amable que fue conmigo.
Una imagen del día en que entrevisté al presidente Óscar Arias en Costa Rica, rodeada de periodistas. Yo tenía solo 10 años.
Yo, con unos 9 años, entrevistando a Russell Hitchcock de Air Supply para el programa infantil en el que trabajaba. Un periódico local capturó el momento… pero nunca me preguntaron el nombre.

La gente esperaba que me convirtiera en periodista. Y la verdad, creo que una parte de mí siempre lo será. Pero yo quería algo más práctico, algo más creativo. Así que elegí Diseño Industrial.

(Bueno… para ser sincera, en secreto yo quería ser cirujana. Pero me daba miedo fallar. Medicina requiere un tipo de disciplina muy diferente, y en ese entonces yo no la tenía.)

Diseño Industrial fue una gran elección, al menos en la universidad. Soy hábil con las manos, curiosa, y siempre me han fascinado las herramientas. Todavía recuerdo la primera vez que entré a un Home Depot en Estados Unidos y descubrí que vendían papel de lija ¡en rollos! — estaba tan feliz que parecía que había encontrado un tesoro.

Una de las últimas materias que tomé fue “Ecodiseño”. Me encantó. El profesor era tan apasionado que me hizo creer que el diseño podía cambiar el mundo. Para mi tesis de grado, junto a mi mejor amigo Camilo Fresneda, desarrollamos un material no tejido a partir del polvo y los desperdicios en el procesamiento del fique. Creamos productos biodegradables de un solo uso para hoteles — desde pantuflas hasta empaques para jabón — hechos con residuos agroindustriales. Ese proyecto me llevó a conseguir mi primer trabajo real, incluso antes de graduarme.

Pero ese trabajo no salió como esperaba.

Como mencioné antes, a veces los puestos que he ocupado no existían antes de que yo llegara. Suena emocionante, pero también es difícil cuando no hay nadie que te entrene, ni un camino claro que seguir. Yo era joven, idealista, y trabajaba duro… hasta que un día, después de seis meses sin recibir pago, me dejaron ir.

Esa fue mi primera gran caída. Tenía 22 años.

No te recuperas rápido de algo así. Es ese momento en el que te das cuenta de que no todo es posible. Que la vida no siempre es justa. Que el talento y la pasión no siempre son suficientes.

Después de eso, probé con el diseño de moda, pero no era lo mío. Entonces tomé una gran decisión: me iba a ir a Australia.

(Bueno… lo más lejos que llegué fue a Miami.)

Y fue ahí donde comenzó un capítulo completamente distinto.

Creo que esta es la primera vez que cuento esta historia . Nunca hablaba sobre mi etapa como niña en la televisión — algunas personas en la universidad se burlaron de eso cuando se enteraron, así que preferí quedarme callada. Pero ahora, con el tiempo y la distancia, siento orgullo. Era solo una niña con un micrófono, haciéndole preguntas a presidentes. Y esto es solo el comienzo. Estoy compartiendo algunas de esas fotos aquí, y tal vez hasta el video… porque ya es hora.

Gracias Por Leer
Catyobi

One response to “Mi vida nunca fue ordinaria”

  1. Helena Villa Fernandez Avatar
    Helena Villa Fernandez

    Gorda me quiero morir con este blog lo amo, sigue adelante que eres una tesa en todo lo que te propones 😘

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