🌿 Nota de Catalina:
Este blog nace de una mente neurodivergente y un corazón inmigrante. Es una mezcla de recuerdos, plantas, recetas, viajes y reflexiones—sin líneas rectas, solo historias de un cerebro que piensa distinto.
Escribo para ser la voz que una vez necesité—para quienes alguna vez se sintieron fuera de lugar, incomprendidos, o “demasiado.” No están solos.
Hoy empezó a las 5:10 a.m., en ese momento medio dormida donde el cuerpo se mueve antes de que la mente despierte del todo. Salí temprano para ir a jury duty (el deber cívico de servir como jurado en la corte criminal), pensando que tenía tiempo para echar gasolina y comprar algo de comer.
Pero el tráfico decidió otra cosa.
Lo que debía ser una hora y media terminó siendo dos.
Cuando por fin llegué, estaba lloviendo a cántaros. Yo sabía por experiencia que llegar un poco tarde no era el fin del mundo, así que no estaba en pánico… hasta que llegué a la entrada del parqueadero.
Y la puerta no abrió.
Quedé atrapada en la mitad.
No podía avanzar, ni retroceder.
Se formó una fila enorme detrás de mí.
La gente empezó a pitar.
No podía bajarme del carro a mostrar el tiquete.
Y no podía hacer absolutamente nada, salvo quedarme ahí, sintiendo cómo el estrés me apretaba el pecho.
Finalmente los carros de atrás retrocedieron, yo también, y logré entrar. Más tiempo perdido. Más adrenalina.
Cuando entré al edificio, estaba empapada, agotada y frágil. También tenía miedo de hablar — miedo de decir algo mal, de incomodar, de empeorar la situación. Ellos siempre repiten que solo debes servir cada uno o dos años, y yo estaba casi segura de que ya había venido hace pocos meses.
Pero igual hablé.
Pregunté.
Revisaron mis datos y encontraron el problema: tenía dos números de jurado, algo que no debería pasar. Cuando les conté que el año pasado renové mi licencia, todo tuvo sentido. Lo arreglaron. Fueron amables.
Y me dejaron ir.
Así, de simple.
Del estrés… a la perspectiva
Mientras caminaba de regreso al carro, dejó de llover y salió el sol. Respiré — de verdad respiré por primera vez en toda la mañana — y algo dentro de mí cambió.
Porque este no era cualquier edificio.
Era la corte criminal, un lugar donde se escuchan casos que pueden cambiarle la vida a las personas para siempre.
Y mientras yo estaba preocupada por haber llegado tarde, por estar mojada, por la vergüenza y el estrés… había personas dentro de ese mismo edificio viviendo el peor día de sus vidas.
Personas siendo juzgadas.
Personas que quizá cometieron errores gravísimos.
Personas cuya vida probablemente ya venía llena de dificultades mucho antes de este momento.
Víctimas que merecen ser escuchadas.
Mujeres que se defendieron.
Personas inocentes aún luchando por probarlo.
Tantas capas.
Tanta humanidad.
Tanto dolor y tanta complejidad en un solo lugar.
Y yo ahí… angustiada por una puerta que no se abría.
Esa conciencia no me avergonzó. Me suavizó.
Y me llenó de algo inesperado:
Gratitud.
Tal vez sí tengo una estrella
Más temprano esa mañana estaba pensando si algunas personas nacen con suerte, con “estrella”. Parada ahí, bajo el sol que acababa de salir, me di cuenta de algo:
Tal vez yo sí soy una de las afortunadas.
No porque sea millonaria.
No porque mi vida haya sido fácil.
No porque todo me salga bien — porque no es así.
Pero soy afortunada porque estoy a salvo.
Porque puedo hablar, en inglés y en español, y me entienden.
Porque tengo derechos y también responsabilidades.
Porque pude volver a mi carro y seguir mi vida.
Porque puedo regresar a casa, abrazar a mis papás, cocinar juntos, reírnos… vivir.
Eso es privilegio.
Eso es fortuna.
Eso, en su forma más tranquila… también es una estrella.
Y algo muy bonito de esta corte es que no hicieron sentir jury duty como una carga. Lo hicieron sentir como participación. Como pertenecer.
Y todo esto pasó antes de las 9:30 a.m.
Hoy empezó con caos.
Se convirtió en estrés.
Luego fue vergüenza.
Después alivio.
Y finalmente… perspectiva.
Ahora tengo el regalo de regresar a casa, abrazar a quienes amo y seguir adelante. La mañana me sacudió, sí. Pero también me suavizó por dentro. Me recordó que hay días simplemente incómodos…
…y otros que pueden cambiar vidas.
Y no quiero olvidarlo.

Catyobi


Leave a reply to rusalka28 Cancel reply