🌿 Nota de Catalina:
Este blog nace de una mente neurodivergente y un corazón inmigrante. Es una mezcla de recuerdos, plantas, recetas, viajes y reflexiones—sin líneas rectas, solo historias de un cerebro que piensa distinto.
Escribo para ser la voz que una vez necesité—para quienes alguna vez se sintieron fuera de lugar, incomprendidos, o “demasiado.” No están solos.
Hace algunos años, empecé a perderme.
No de repente, sino lentamente.
Depresión, aislamiento, agotamiento.
Una finca demasiado grande, demasiado silencio, demasiadas responsabilidades y muy poco apoyo. Técnicamente estaba casada, pero ya estaba sola. Sin dinero, con proyectos sin terminar por todos lados, animales dependiendo de mí y una sensación constante de estar fallando en todo.
Durante mucho tiempo quise creer que era algo simple — hormonas, estrés, cansancio, algo que se pudiera “arreglar” rápido. Pero no lo era. Sanar tomó más que descanso.
Tomó terapia.
Tomó tiempo.
Tomó honestidad.
Tomó aprender a quedarme con verdades incómodas en lugar de empujarlas lejos.
Hubo cambios en mí que no reconocía: aumento de peso, menos energía, menos confianza, sentirme mayor por fuera aunque por dentro siguiera siendo la misma. Y a veces, lo más difícil no era la depresión en sí, sino la vergüenza silenciosa que venía con ella.
Trabajé durante un tiempo y eso me ayudó a recuperar algo de fuerza. Pero un día alguien me dijo que yo era “demasiado”.
Que necesitaba enfocarme.
Que debía ser más realista.
Que ya estaba grande y tenía que pensar en estabilidad, en reducir mi vida.
Y algo dentro de mí se abrió.
Porque entendí que si intentaba encajar en esa forma, iba a desaparecer por completo.
Así que, en lugar de hacerme más pequeña, hice lo contrario:
volví a escribir.
Empecé a decir la verdad sobre cómo funciona mi mente.
Sobre cómo las ideas llegan en oleadas.
Sobre cómo no me muevo en líneas rectas.
Sobre cómo puedo amar muchos mundos al mismo tiempo.
Sobre cómo aprendo profundo, luego crezco más allá de eso… y sigo moviéndome.
Y mientras más escribía, más viva me sentía.
La escritura me devolvió la curiosidad. Las ganas de aprender. La sensación de posibilidad.
Ahí fue cuando volví a estudiar.
Ahí fue cuando descubrí la inteligencia artificial, el desarrollo de apps, y una forma completamente nueva de crear.
Al mismo tiempo tuve que aceptar algo difícil: vender productos físicos me estaba rompiendo por dentro. Durante años vi a otros celebrar cada orden, mientras yo sentía angustia cada vez que llegaba una. Esa verdad dolía… pero también fue liberadora.
Empecé a ver un patrón en mí:
Exploro profundamente.
Aprendo intensamente.
Creo.
Y cuando algo ya fue dominado, necesito evolucionar otra vez.
En lugar de verlo como fracaso, empecé a verlo como identidad.
De ahí nació Catyobi Lab.
No es una marca.
No es un portafolio.
No es un plan de negocios.
Es un mapa de cómo funciona mi mente.
Todos mis mundos coexistiendo: la finca, los animales, la escritura, los aceites, la tecnología, el aprendizaje, la memoria, el duelo, la imaginación, las ideas sin terminar.
Aún no sé exactamente cómo todo esto se convertirá en ingreso. Esa parte todavía me asusta. Todavía estoy resolviéndolo. Pero ya no siento vergüenza de quién soy ni de cómo pienso.
Ahora sé que no estoy rota.
No soy demasiado.
Soy muchas cosas.
Y si alguna vez has sentido que no encajas en una sola caja, un solo camino, una sola identidad… quizá este espacio también sea para ti.
Puedes conocer más sobre este proyecto aquí:

Catyobi

Leave a comment